Antes de la debacle terrible, insuperable, de ayer, la idea era hacer un post de balance de los posts previos. Como el Criador no tenía mucho para agregar, el post iba a ser un copy&paste de un diálogo (una "deliberación"!) presencial y epistolar con el distinguido lector Nowhere Man. Como antes de publicar vimos este post de SL en lo de Gargarella, nos vemos obligados a incluir, sobre el final, algunas respuestas. O sea: quedó un post largo, muy largo.
- Dice Nowhere Man: Yo personalmente prefiero el parlamentarismo en abstracto, pero no implica necesariamente que a) lo considere aplicable al sistema político argentino y b) que los problemas que se le atribuyen al presidencialismo desaparezcan con el cambio de sistema de gobierno. Me parece que hay un problema con el mecanismo causal que vincula parlamentarismo-presidencialismo y performance en todos los sentidos que se nos ocurren del término. Nadie se pregunta, por ejemplo, cómo adaptar el parlamentarismo al federalismo. Te aseguro que los actores políticos son agnósticos respecto del sistema de gobierno, pero tienen bien en claro que no les gustaría marginar su rol en el congreso a votar solo aquellos temas de incumbencia provincial como pasa en Alemania (sistema epistémicamente superior según Nino) o a reducir su influencia a reuniones bi y multilaterales con el primer ministro como pasa en Canadá.
- Dice el Criador: Hacia ahí iba un ejemplo que di: sería imposible de aprobar en Argentina una reforma parlamentarista donde sólo la cámara baja formara gobierno (la mayoría de las provincias se opondría a los tiros si fuera necesario), por lo cual uno supone que proponen un parlamentarismo simétrico entre ambas cámaras. Lo que no me pueden contestar es quién forma gobierno en 1983, en 1999 y en cualquier caso de mayorías diferentes en ambas cámaras. (Me mata que Wikipedia tiene entradas para todo). Es más, si los tipos recurren a argumentos linzianos como la "legitimidad dual" del presidencialismo, el bloqueo entre poderes, etc., todo eso mismo es aplicable a un parlamentarismo simétrico. A todo esto, concuerdo con que el parlamentarismo en abstracto es superior (según mi paladar), pero por la razón opuesta a la de estos muchachos: por la concentración del poder.
- Dice Nowhere: Lo de la concentración de poder está bueno en el sentido de identificabilidad del origen de las decisiones y, en consecuencia, accountability. Para mi son valores fundamentales para darle sentido al voto como mecanismo de expresión de preferencias. ¿Pero te referís al modelo westminster o a cualquier parlamentarismo? Porque el epítome del gobierno responsable de partido, Inglaterra, no es consecuencia necesaria del parlamentarismo. Donde tenés multipartidismo claramente no se sostiene y en algunos bipartidismos la estructura de la competencia no te garantiza una real capacidad de elegir entre opciones programáticamente diferenciadas (Venezuela 1958-1989; Colombia desde la posguerra hasta Pastrana).
- Dice el Criador: Hacia ahí iba un ejemplo que di: sería imposible de aprobar en Argentina una reforma parlamentarista donde sólo la cámara baja formara gobierno (la mayoría de las provincias se opondría a los tiros si fuera necesario), por lo cual uno supone que proponen un parlamentarismo simétrico entre ambas cámaras. Lo que no me pueden contestar es quién forma gobierno en 1983, en 1999 y en cualquier caso de mayorías diferentes en ambas cámaras. (Me mata que Wikipedia tiene entradas para todo). Es más, si los tipos recurren a argumentos linzianos como la "legitimidad dual" del presidencialismo, el bloqueo entre poderes, etc., todo eso mismo es aplicable a un parlamentarismo simétrico. A todo esto, concuerdo con que el parlamentarismo en abstracto es superior (según mi paladar), pero por la razón opuesta a la de estos muchachos: por la concentración del poder.
- Dice Nowhere: Lo de la concentración de poder está bueno en el sentido de identificabilidad del origen de las decisiones y, en consecuencia, accountability. Para mi son valores fundamentales para darle sentido al voto como mecanismo de expresión de preferencias. ¿Pero te referís al modelo westminster o a cualquier parlamentarismo? Porque el epítome del gobierno responsable de partido, Inglaterra, no es consecuencia necesaria del parlamentarismo. Donde tenés multipartidismo claramente no se sostiene y en algunos bipartidismos la estructura de la competencia no te garantiza una real capacidad de elegir entre opciones programáticamente diferenciadas (Venezuela 1958-1989; Colombia desde la posguerra hasta Pastrana).
- Dice el Criador: no estoy tan seguro. Es cierto que en una coalición es más difícil saber a qué partido individual premiar/castigar, pero al menos está claro cuál es la mayoría y cuál es la oposición. Cuando hay dos mayorías distintas (como en los presidencialismo divididos), eso es imposible. Estirando la metáfora de Przeworski: si dos mecánicos me reparan el auto, no sé a cuál volver si el arreglo quedó bien y a cuál no volver si quedó mal. El muy buen resultado de la UCR en 1989 me resulta inexplicable si no es por la dificultad de muchos votantes de determinar si era el Ejecutivo o un Legislativo obstruccionista el responsable de la crisis.
- Continúa Nowhere: para abortar el multipartidismo podrías decirme que acompañarías el cambio con una reforma del sistema electoral, pero ambos sabemos (Chhibber y Cox mediante) que tampoco garantizaríamos un bipartidismo. En síntesis, comparto tu ideal de concentración de poder, pero me parece que es clave entender que este tiene sentido cuando los partidos no son cáscaras vacías. De ahí que mi defensa del parlamentarismo podría basarse en la "concentración de poder en un gobierno responsable de partido o partidos". Aquí habría mucha menos deliberación que en un presidencialismo, porque los backbenchers podrían quedarse en su casa y daría lo mismo. Sin embargo, sí habría deliberación en el sentido de que se considerarán los puntos de vista de aquellos que deben considerarse para que la decisión sea correcta: los miembros de la coalición de gobierno asociados ideológicamente alrededor de un programa de gobierno. Mi defensa del parlamentarismo asocia ciertos argumentos deliberativistas que alguna vez leí de Nino, sin aceptar la creencia irrestricta en la deliberación que Gargarella y cía han venido defendiendo. Entiendo que hay provincias, sindicatos y una serie de restricciones exógenas que configuran intereses, los cuales no van a modificarse en virtud de la deliberación. Por ello, no creo en toda esa sanata de que hay que hablar por no se cuánto tiempo y de una cierta forma para que una ley sea aprobada deliberativamente. Sí me parece que hay formatos epistémicamente superiores que otros. Me refiero a que en algunos diseños se favorece la participación de aquellos intereses que sí deben participar, mientras que otros son marginados. Por ejemplo, la múltiple inclusión de actores de veto en regímenes presidenciales - gobierno dividido mediante- institucionaliza el freno a las decisiones independientemente de que haya una real base para ese veto. En un parlamentarismo, aún multipartidista, este tipo de frenos innecesarios se disuadirían porque la dimensión partidaria cobraría mayor relevancia; la necesidad de formar gobierno y sostenerlo en el tiempo genera una unidad de propósito que fortalece a los partidos, porque organiza los intereses de los legisladores a su alrededor. De ese modo, el claro matiz partidario del gobierno lo vuelve identificable y los induce a tener un programa de gobierno. Si es de coalición, la necesidad de darle estabilidad al gobierno hará que primen las consideraciones espaciales a la hora de incoporar otros miembros de la coalición, de forma tal que el carácter programático no se verá atenuado necesariamente. Finalmente, mientras dure el gobierno no tendrás vetos porque podemos suponer razonablemente que el gobierno se sostiene en una mayoría en el parlamento.
- Dice el Criador, ya en respuesta a SL: no sé si el parlamentarismo per se tiene ese efecto de fortalecimiento de los partidos. Y si no tiene ese efecto, un parlamentarismo cum partidos débiles no parece una opción deseable en ninguna de las dimensiones consideradas. Y cuando ese supuesto se pone en duda, se complica el argumento más fuerte de SL y otros, cuando dicen "¿qué régimen propende más a la formación de un sistema de partidos institucionalizados, definidos en términos programáticos, y a la gestación de campañas electorales definidas en “issues”?". Necesitaría mucha demostración empírica para convencerme de que los partidos parlamentaristas son -siendo todo lo demás constante- más programáticos, deliberativos, institucionalizados, basados en issues, etc., que los partidos presidencialistas. La comparación Europa Occidental - América Latina es mala, porque no controla por desarrollo económico (ni por tantas otras cosas: grandísimas guerras, marxismo, feudalismo, etc.). ¿Serán los partidos de Bangladesh, Botswana, Etiopía, India, Mauritania, Samoa, Trinidad y Tobago, Bulgaria, Macedonia y Albania (todos países parlamentarios) más institucionalizados que los partidos de los presidencialistas Chile, Uruguay, Mexico, Costa Rica, even Brasil? No tengo la menor idea (aunque imagino que no), pero quiero plantear que la comparación no puede ser entre Ecuador y Alemania; tiene que ser entre países parlamentarios y presidencialistas que compartan cierto nivel de desarrollo. Seguramente alguien lo hizo. SL, si me mostrás que el parlamentarismo tiene un efecto propio y decisivo sobre la institucionalización y el carácter programático de los partidos, entonces podre convencerme. In the meantime, no. (Y al convencerme tendré que ponderar también si un poquito de des-institucionalización, a lo Levitsky, no viene bien). Estimo que institucionalización y carácter programático, a su vez, son dimensiones independientes: las diferencias ideológicas entre demócratas y republicanos son bastante marcadas (y lo son cada vez más), pese a que los partidos son más bien laxos. Mientras los partidos sean programáticos (y varios casos demuestran que pueden serlo con este sistema de gobierno), estimo que -en un presidencialismo- la traslación de las preferencias de los votantes en políticas puede darse sin necesidad de tener partidos institucionalizados. Y lo único que importa para la democracia representativa -en términos normativos- es lo primero.
- Dice el Criador, ya en respuesta a SL: no sé si el parlamentarismo per se tiene ese efecto de fortalecimiento de los partidos. Y si no tiene ese efecto, un parlamentarismo cum partidos débiles no parece una opción deseable en ninguna de las dimensiones consideradas. Y cuando ese supuesto se pone en duda, se complica el argumento más fuerte de SL y otros, cuando dicen "¿qué régimen propende más a la formación de un sistema de partidos institucionalizados, definidos en términos programáticos, y a la gestación de campañas electorales definidas en “issues”?". Necesitaría mucha demostración empírica para convencerme de que los partidos parlamentaristas son -siendo todo lo demás constante- más programáticos, deliberativos, institucionalizados, basados en issues, etc., que los partidos presidencialistas. La comparación Europa Occidental - América Latina es mala, porque no controla por desarrollo económico (ni por tantas otras cosas: grandísimas guerras, marxismo, feudalismo, etc.). ¿Serán los partidos de Bangladesh, Botswana, Etiopía, India, Mauritania, Samoa, Trinidad y Tobago, Bulgaria, Macedonia y Albania (todos países parlamentarios) más institucionalizados que los partidos de los presidencialistas Chile, Uruguay, Mexico, Costa Rica, even Brasil? No tengo la menor idea (aunque imagino que no), pero quiero plantear que la comparación no puede ser entre Ecuador y Alemania; tiene que ser entre países parlamentarios y presidencialistas que compartan cierto nivel de desarrollo. Seguramente alguien lo hizo. SL, si me mostrás que el parlamentarismo tiene un efecto propio y decisivo sobre la institucionalización y el carácter programático de los partidos, entonces podre convencerme. In the meantime, no. (Y al convencerme tendré que ponderar también si un poquito de des-institucionalización, a lo Levitsky, no viene bien). Estimo que institucionalización y carácter programático, a su vez, son dimensiones independientes: las diferencias ideológicas entre demócratas y republicanos son bastante marcadas (y lo son cada vez más), pese a que los partidos son más bien laxos. Mientras los partidos sean programáticos (y varios casos demuestran que pueden serlo con este sistema de gobierno), estimo que -en un presidencialismo- la traslación de las preferencias de los votantes en políticas puede darse sin necesidad de tener partidos institucionalizados. Y lo único que importa para la democracia representativa -en términos normativos- es lo primero.
- Es cierto que en el presidencialismo hay más influencia de tipos no electos. Los ministros, por empezar. Pero posiblemente también los asesores más cercanos del presidente. Justo leía un racconto de Robert Kennedy sobre la crisis de los misiles en Cuba y al final Graham Allison (no es su texto más famoso) analizaba cómo, de todos los tipos que participaron del proceso de toma de decisiones (decisiones que -by the way- podían implicar el fin de la humanidad), había sólo uno (JFK) electo popularmente. Los líderes del Congreso (ni siquiera éste en pleno) apenas fueron informados (no consultados) sobre las decisiones tomadas horas antes de que Kennedy apareciera en cadena nacional (mundial!) anunciando el bloqueo. Esto es obviamente problemático, porque se supone que los tomadores de decisiones lo son porque son nuestros agentes, nuestros delegados; si bien es cierto que la decisión final siempre era de JFK, el hermano, los asesores, los jefes militares, algunos diplomáticos, etc., todos influyeron decisivamente en su decisión. Pero si uno lee atentamente la reacción de los congresistas (en general pidiendo medidas duras contra Cuba y la URSS) tal vez no esté tan mal aislar un poco la decisión de la urgencia electoral... No lo tengo claro, la verdad. Por otra parte, Tony Blair y su gabinete eran todos electos, pero no parece que 20.000 votantes en Segdefield (el distrito donde se presentaba Blair) posean más legitimidad que las decenas de millones a nivel nacional que pusieron la boleta de Kennedy.
- Yendo a las objeciones más "filosóficas", que no me interesan tanto. Agradezco el esfuerzo por descifrar el "pensamiento" del Criador, pero éste no es tal. Es un rejunte seguramente desordenado de cosas leídas por ahí. En este caso puntual, esta posición no es más que un rechazo a las ideas que RG, SL, Lucas y otros han expresado sobre la democracia deliberativa, y que sintetizo con un fragmento de RG en Clarín (“debemos asegurar que se dejen de lado aquellas normas que sean el mero producto de un intercambio de favores; las que no estén debidamente justificadas; las que no sean capaces de pasar el filtro de la razón pública; las que no puedan ser reconocidas sino como el producto exclusivo de un intercambio de beneficios o de la presión de algún grupo de interés”) y con una pregunta que formula SL (“¿cómo podría justificar la democracia si no cree en la posibilidad de llegar a un acuerdo razonable, si no cree en la prevalencia racional de ningún principio?”). Agarro esto para evitar, también, la crítica de que uno se agarra de las versiones más débiles, truchas o mediocres del argumento. Mi respuesta es:
(1) Que ante esa pregunta no comprendo qué meta-criterios de razonabilidad dictaminan cuándo (¿y para quién?) algo es razonable o no. Ya que las decisiones pueden ser sujetadas a cierto estándar, ¿qué estándar legitima a ese estándar? Y así sucesivamente.
(2) Que no entiendo cómo podría existir un interés que no fuera "de algún grupo", dado que el conflicto es inherente a la sociedad y que no existe un "interés general", aunque todo interés sectorial se presente como tal. (Esto no niega que haya transacciones y negociaciones; pero pensarlas desvinculadas del poder y de los intereses resulta ininteligible para este bloggero).
(3) Que la democracia liberal puede defenderse tranquilamente como un marco donde intereses y valores plurales, incomparables e inconmensurables, y los modos de vida a ellos asociados, coexisten sin que unos (que se presentan a sí mismos como “razonables” y “racionales”, claro, pero que en verdad no son “razonables” y “racionales” para todo el mundo sino para el gusto de quien los enuncia) traten de eliminar a los otros. Claro que no todo valor es admisible: los que buscan destruir ese marco no pueden serlo. (Somos liberales, no boludos).
En la historia de occidente (en la mayoría de los griegos, los cristianos, los iusnaturalistas, los iluministas, los marxistas) generalmente prevaleció la idea opuesta: la idea (a mi juicio, bastante proclive al autoritarismo) de que, a la larga, existen soluciones “correctas”, “justas”, “buenas”, “síntesis superadoras”, “razonables”, "generales", etc., que algún hombre o grupo de hombres de algún modo puede encontrar. Incluso quienes dicen que el hombre no puede alcanzar esas soluciones también dicen que sí existen como “ideales regulativos”, como bosquejos de un mundo perfecto frente al cual comparar las sociedades realmente existentes. Bueno, si por el “escepticismo” que se me adjudica se entiende la incredulidad ante la capacidad de cualquier hombre (o incluso de todos los hombres vía la deliberación) de diseñar ese mundo donde todos acordamos qué es “razonable” (o “bueno”, o “justo"), entonces call me escéptico. Será una grata compañía: Maquiavelo, Max Weber, Isaiah Berlin… A todo esto, creo que hablar de soluciones "razonables" trata de meter de contrabando la idea monista (e, insisto, autoritaria y arrogante) de la solución objetivamente "buena", "justa", que excede al "mero interés de un grupo", etc., adoptando un término más modesto pero que en el fondo es lo mismo. Sí, ante eso soy escéptico. No creo en esos iluminados que pueden identificar el Bien, la Justicia o -lo que es lo mismo- la Razonabilidad.
Uff, hasta acá llegué. Saludos a los interlocutores.